miércoles, 9 de abril de 2014

ORIENTACIONES PARA NIÑOS/AS CON MIEDO A LAS ENFERMEDADES, MUERTE...



Resulta normal en determinados niños/as la aparición de miedos y fobias hacia temas como la muerte o a sufrir enfermedades. En la mayoría de los casos, estos miedos remiten progresivamente con el paso del tiempo. No obstante, es recomendable tener en cuenta las siguientes orientaciones:

- Es necesario cuidar los modelos que presentamos. Si el niño/a sufre de miedo a enfermedades o la muerte no es conveniente que vea en nosotros o en personas cercanas estas actitudes de miedo y fobia. Nuestra actitud ha de ser modelo y referente para ellos.

- Intentar evitar en lo posible que el niño/a vea películas o vídeos en los que la muerte y la enfermedad estén presentes. Así mismo, no es necesario que el niño/a en este momento esté presente y escuche conversaciones de adultos relativas a enfermedades o muerte y mucho menos si están referidas a niños/as de su edad.

- Desdramatizar y restar importancia a situaciones temerosas de la vida, muerte, enfermedades…

- No amenazar al niño/a con ir al médico. Tampoco conviene en estos momentos en los cuales el niño/a presenta estos miedos asustarlo/a con posibles enfermedades derivadas de posibles malos hábitos (por ejemplo, si no te lavas los dientes se te picarán y tendrás que ir al dentistas). Una vez que se haya recuperado de estos miedos podremos hablar con normalidad de estos temas.

- Hablar y dialogar todo lo posible con el niño/a. En un primer momento ha de hablarnos de sus miedos para concretar realmente lo que le preocupa. Posteriormente hablaremos con él/ella para tranquilizarlo y hacerle  ver que la enfermedad y la muerte son parte de nuestra vidas, es algo natural que puede pasar a las personas, pero eso no quiere decir que les vaya a pasar a él/ella.

- El niño/a ha de sentirse seguro. Debemos hablar con él/ella y comentarle que no debe estar preocupado, que él/ella está sano y que sus padres están y estarán siempre pendientes del mismo/a, que cuidarán de él/ella y que en el momento que pueda enfermar por algo lo llevarán la médico y que no pasará nada. Hay que decirle que lo que él/ella tiene que hacer es sus tareas escolares y por supuesto pasarlo bien, que las enfermedades son cosa de mayores y que no debe preocuparse por ello.

- Intentar dar respuesta a todas las preguntas y dudas que nos pueda plantear el niño/a. Las preguntas sin respuesta pueden generar más dudas y por ello más ansiedad.

- Una vez se haya hablado con el niño/a como se ha aconsejado en los puntos anteriores, no conviene que saquemos el tema recordándolo una y otra vez. Tan solo se hablará de nuevo del tema si lo demanda el niño/a o es necesario porque sus miedos continúen o se agraven.

- Resulta de vital importancia que el niño/a no note nuestra preocupación ya que esto puedo ocasionar que aumente su ansiedad y continúen presentes estos miedos.

- Si tenemos que hablar de los miedos del niño/a con nuestra pareja, con algún familiar o maestro/a lo haremos siempre sin que el niño/a esté presente.

- Evitar en todo momento una actitud sobreprotectora con el niño.

- Dentro de lo posible se intentará llevar a cabo una vida lo más normal posible, sin dar demasiado importancia al hecho, sobre todo delante del niño/a.

- Es muy importante que todos los miembros de la familia actúen de la misma forma, siguiendo estas orientaciones y evitando posibles contradicciones.

- Reforzar al niño/a con elogios y halagos si sus miedos y fobias disminuyen, pero no excesivamente ni muy frecuentemente ya que pueden provocar un efecto negativo al recordarle al niño/a sus miedos.


- Si el miedo no remite con el paso del tiempo y se traduce en un nivel elevado de ansiedad que interfiere significativa y negativamente en la vida diaria del niño/a (por ejemplo, en la escuela, en los hábitos de sueño, alimentación carácter, …) sería conveniente la valoración del niño/a por parte de un psicólogo clínico.


Para descargar las orientaciones pinchar aquí

miércoles, 16 de enero de 2013

ORIENTACIONES CELOS INFANTILES

Orientaciones para trabajar los CELOS INFANTILES entre HERMANOS.



No mostrar una conducta demasiado permisiva ante la conducta celosa, ya que así estamos manteniendo dicha conducta y enseñando al niño que podemos odiar o tener celos de los demás. Tampoco mostrar una conducta demasiado represora o mostrar demasiada atención, ya que podemos contribuir a prolongar la situación. Tampoco podemos permitir que el niño utilice sus celos para conseguir las cosas que él desea.


Escuchar al niño, permitiendo la expresión de sus emociones. Hacerle ver que se le comprende aunque le digamos que sus sentimientos son exagerados.


Evitar cualquier tipo de comentario sobre comparación entre hermanos, aunque se a de broma. Los padres no debieran manifestar, ni si quiera de broma, las preferencias por este/a o aquel/aquella hijo/a.


Evitar cualquier comparación o trato de favor o de preferencia hacia uno de los hijos. En ocasiones, se suele hacer por parte de los padres este trato de favor aunque de forma inconsciente pero los niños lo perciben con facilidad. 


Los niños celos suelen pensar o percibir que no son apreciados o queridos por sus padres. Es necesario hablar con él insistiéndole en decirle que le queremos, al igual que el hermano. Es necesario decirle explícitamente que le queremos.


Recordar al alumno historias o acontecimientos pasados en los que se le demuestre como le quieren sus padres; “el día en que le ayudaron a superar una dificultad, cuando se puso malo y lo llevaron al médico corriendo; cuando le hicieron un bonito regalo…”.


Así mismo, podemos hablar con el niño y contarles historias de cómo los llevábamos con nuestros hermanos cuando éramos pequeños, lo cual puede ayudarle a comprender mejora la situación.


Por otra parte, debemos educar a los hijos en que los afectos y el amor no los pueden tener de forma exclusiva, los padre quieren a ambos hijos por igual.


No son convenientes preguntas al niño del tipo: ¿cuánto quieres a papá…y a mamá?, ¿a quién quieres más?.


Hablar con el alumno continuamente y explicarle que cada persona tiene unas cualidades positivas y negativas. Así, su hermano tiene cosas negativas y otras positivas, igual que él. Resaltar siempre que se pueda los aspectos positivos de uno y de otro. Valorar las diferencias y fomentarlas.


Hablar con el niño mayor de las cualidades positivas del hermano menor. Así mismo, insistirle en las responsabilidades que tiene como hermano mayor: ha de cuidar, proteger y ayudar a su hermano.


También hablar con el niño de los privilegios que tiene ser el hermano mayor: será en primero en realizar muchas cosas y celebrar acontecimientos, podrá ayudar a su hermano, realizar ciertas actividades que por edad el hermano no puede, etc.


Así mismo, se le puede dar cierta responsabilidad o protagonismo respecto a los cuidados hacia el hermano pequeño, resaltando la importancia de su labor para la familia.


Hablar con el alumno en las ventajas de tener hermanos, con respecto a los niños que no tienen: pueden jugar con ellos, se pueden ayudar unos a otros, no estarán nunca solos, etc.


Es recomendable pasar más tiempo con el hijo celoso, planificando actividades conjuntas en las que participe o juegue tanto con el padre como con la madre. Tanto el padre como la madre han de procurar pasar el mismo tiempo con uno y con otro, no mostrando de esta forma ninguna preferencia por alguno de los dos.


La atención que reciban los hijos ha de ser simétrica, igual, tanto por parte del padre y de la madre, como por ejemplo de abuelos. En ocasiones hay niños más extrovertidos, simpáticos, cariñosos que suelen recibir mayor atención por parte de los padres y otros familiares, lo cual se ha de evitar compensando la atención que reciben.


Aumentar el tiempo de actividades y juegos conjuntos de la familia, es un buen método para mejorar la comunicación y establecer lazos.


Evitar ciertas situaciones que sabemos de antemano que pueden generar conflictos. Por ejemplo, si cada hermano tiene sus juguetes podemos evitar o enseñar a que el hermano pequeño no coja los del hermano grande.


Permitirles y enseñarles a resolver sus conflictos por ellos mismos, entre los hermanos. SI no consigue resolver el conflicto, no darle la razón a uno de ellos, sino tratarlos por igual.


Cuando el niño pequeño molesta o rompe las cosas del mayor, no disculparle por el simple hecho de que es pequeño, enseñarle también a asumir su responsabilidad.


Hay que recordar que las normas y los privilegios han de ser lo más parecidos entre hermanos, salvo excepciones.


Para modificar la conducta, tanto de uno como de otro, es conveniente utilizar las siguientes técnicas:


-          Extinción. En ocasiones la mala conducta corresponde a una necesidad de llamar nuestra atención. Es conveniente, ante conductas no graves, no prestar demasiado atención a las mimas, restando importancia. Si estamos demasiado encima del niño cuando realiza estas malas conductas tal vez estamos reforzando o propiciando que se den con más frecuencia.


-          La técnica anterior, se ha de combinar con el reforzamiento positivo ante cualquier conducta positiva o contraria a la que deseamos eliminar por pequeña que sea. Reforzamiento positivo es alabar al niño diciéndole que estamos muy contentos con él, muy orgullosos de lo que ha hecho (hay que explicitarle lo que ha hecho y por qué lo ha hecho bien), darle pequeños premios o recompensas no materiales por su buen comportamiento (por ejemplo, salir a la calle, al parque o realizar con él algún juego o actividad que le guste).


Hemos de tener en cuanta que gran parte de lo que los niños aprenden lo hacen por imitación de los adultos. No podemos esperar que nuestro hijo respete, colabore o ayude a su hermano, si no ve en nosotros o en personas del entorno cercano estas actitudes y valores.


Responder con tranquilidad a los episodios celosos, sin estridencias ni recriminaciones, comunicarle al niño nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención. Posteriormente, cuando se tranquilice, podemos intentar razonar lo ocurrido y darle la atención emocional. No obstante, razonar con el niño celoso no funcionará siempre. Debemos entender sus conductas como síntomas de un malestar y no desde la perspectiva adulta.


Educar en la afectividad, cooperación, ayuda entre hermanos y no en la competición.


Enseñar a los hermanos a prestar sus cosas, a ayudarse, a colaborar.


Todas estas orientaciones deben de ser llevadas a cado de forma conjunta y en la misma dirección, evitando contradicciones, tanto por el padre como por la madre, así como por otros familiares cercanos.


Normalmente, los celos infantiles sueles ser de tipo evolutivo y remitir progresivamente. Los celos irán desapareciendo con el tiempo, si cada hijo, sigue viendo que tiene un lugar único en el afecto de sus padres, y que los hermanos lejos de ser una amenaza, un rival, llegan a ser compañeros, amigos, en quien apoyarse y con quién compartir.


Cuando alteren la convivencia en casa de forma significativa, sean persistentes y alteren su rendimiento escolar y su estado anímico/de personalidad sería recomendable hablar con un psicólogo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Orientaciones para abordar el tema de la muerte


Orientaciones para el profesorado y para la familia para abordar y afrontar el tema de la muerte de algún familiar.

CONSIDERACIONES PREVIAS:


Hasta los 3 años, la muerte se asocia al abandono, al temor de quedarse sólo. La palabra  “muerte” no les dice nada puesto que a esta edad todavía están pendientes de cómo nacen y  se desarrollan los humanos. Suele vivir la desaparición de un adulto como “castigo” por algo  que cree que él hizo. Conviene dejarles claro que ellos no tienen culpa de nada. 

Otro concepto que manejan es la muerte como inmovilidad y también creen que los adultos son omnipotentes. El hecho de un fallecimiento les lleva a preguntarse por qué “no pueden”  superarlo y consecuentemente la confianza incondicional en los padres se ve quebrantada. 

De los 4 a los 5 años se ve una ligera evolución. Entre los 3 y los 5 años, los niños suelen  considerar a la muerte como algo reversible y temporal. Es una etapa de vivo interés hacia la  muerte y todavía no la entienden como un suceso irreparable y definitivo. Como el niño de 4 o  5 años atribuye vida a todas las cosas que existen creen que los muertos acabarán por vivir. 

Relacionan la muerte con la vejez y enfermedad, así como con la guerra y sucesos violentos.  La experiencia de la muerte a esta edad les acarreará miedos enormes: a dormir solo... Los  adultos deben cuidar en extremo su vocabulario: ¡“morir” no es “dormir”! En esta edad, no  comprenden la muerte como despedida definitiva. Aún no ha podido asimilar los tres criterios  delimitadores: 

1. La muerte afecta a todos los humanos. 
2. La muerte es inevitable. 
3. La muerte es definitiva. 

De los 6 años en adelante, los niños comprenderán el carácter definitivo e irrevocable al que  nos referíamos antes y cuando se hable con ellos no se tendrá ningún tabú. Hasta los 10 años,  no creen que pueda pasarles a ellos. Para las personas que tienen fe y educan en ella a sus  hijos, es más fácil la cuestión ya que al pensar que existe la vida eterna, esta separación se  transforma en esperanza de reunirse con el familiar amado en presencia de Dios. Para quien  tiene estos sentimientos religiosos puede ser de gran consuelo compartir la idea de que una  persona muerta aunque permanezca en el suelo “su cuerpo” su alma o espíritu asciende al otro  mundo. 

Si la familia no es creyente (desde el punto de vista cristiano) se puede decir a los hijos que no  sabemos lo que ocurre después de la muerte pero lo importante es vivir una vida digna. 

La situación se hace más delicada CUANDO EL NIÑO SE ENFRENTA A LA MUERTE DE UN PROGENITOR. Cuando alguien de la familia muere se complica la existencia para el resto de  los miembros. Los niños deben asumir responsabilidades que antes no tenían. Pero ¡cuidado  con cargarles con responsabilidades de adulto! Es fundamental permitir que: “los niños sigan  siendo niños”. Tal vez tendrán que ayudar más en casa pero debe ser el progenitor restante  quien se encargue de todo. Después de la muerte de un progenitor, es preciso que el que  quede sepa consolar a sus hijos. Es bueno que exista cercanía física pero no dependencia. Si  el chico tiene una pesadilla se le tranquiliza pero no por ello ocuparía el lugar de la cama que  ha quedado “vacío”. 


ORIENTACIONES:


No es conveniente proteger a los niños de temas desagradables o tabú, como es el  caso de la muerte. Los niños tienen derecho a que les informemos con sencillez y  veracidad, así como a expresar libremente sus sentimientos por la muerte de un ser  querido. 

Para comunicar al niño la muerte de un ser querido hay que abrazarle y hablarle con  sencillez y sinceridad, diciéndole claramente que dicha persona ha muerto. Decírselo  lo más pronto posible. 

Ofrecerle información clara, simple y adaptada a su edad. No engañarlo/a. 

También debe ser sencilla y clara la explicación de la causa de la muerte (quedó  muy malherido por el accidente…, murió por la enfermedad tan grave que  padecía…no pudo legar a nacer porque…). 

Hay que hablar también con el niño cuando un familiar está gravemente enfermo,  proporcionándole información de la situación adecuada a su edad. 

Es importante no utilizar eufemismos ni mensajes del tipo: "se ha ido de viaje", "lo  han llevado al hospital", “está dormido”, etc. Estos mensaje, lo único que pueden  provocar en el niño es confusión e inseguridad, miedo a viajar o irse a dormir. También  conviene aclararle que la mayoría de las personas superan las enfermedades, de  modo que no tema por su vida o la de otros ante una enfermedad. 

Hay que dejar claro que esta persona ha muerto y eliminar en el niño/a  pensamientos como que puede volver a estar con ellos, que puede volver a vivir, etc… 

Dejarles muy claras dos ideas básicas: que la persona muerta no volverá, y que su  cuerpo está enterrado o bien reducido a cenizas si ha sido incinerado. 
Hablar con el niño/a para dejarle claro que esta muerte no es culpa de nadie de la  familia, ni mucho menos de el/ella. Tampoco podemos permitir que la muerte es un  castigo por haberse portado mal. 

Si el niño pregunta por la causa de la muerte, se le debe decir claramente que no ha  sido culpa suya, ya que es probable que se culpabilice de la muerte pensando que ha  podido ocurrir por su mal comportamiento. 

Dejar que se queden con algún recuerdo de la persona difunta. 

A partir de los 6 años es conveniente que los niños acudan al funeral, a no ser que  no quieran, y se les debe preparar para lo que va a ocurrir en la ceremonia. 

Permitir que el niño/a pase por sus propias fases de duelo: choque y negación,  síntomas físicos, rabia, culpa, celos, ansiedad y miedo, tristeza y soledad. 
Ayudarle a expresar sus sentimientos por medio del juego, el dibujo, etc. · Ser  conscientes que los expresarán de forma distinta a como lo hacemos los adultos. 

Permitirles el llanto y el enfado. No esconder nuestro propio dolor. 

Si aparecen rabietas o mal comportamiento en los días siguientes hay que intentar  entender al niño, aunque respondiendo a esas dificultades con medidas educativas. 

Recordar que los niños/as también tienen derecho a reír y ser felices. 

En un primer momento, no hay que tener miedo a mostrar sentimientos de pena o  llanto delante del niño. 

Pasado un tiempo prudencial, dentro de nuestro dolor, debemos hacer lo posible,  para que el niño/a no note o muestre este dolor, nuestra ansiedad, nuestro  nerviosismo, etc. Si el niño/a nos ve constantemente tristes y deprimidos esto  perjudicará gravemente a el/ella. 
Seguir con la rutina diaria tanto como sea posible, ya que esto da seguridad al niño. 

Hay que tranquilizar al niño que teme que a su padre o madre sobreviviente le pueda  ocurrir lo mismo. 

De manera inmediata conviene enseñar al/la niño/a a relajarse, y a modificar sus  pensamientos negativos por otros positivos. 
Es importante que se utilicen técnicas encaminadas a desviar su pensamiento hacia  aspectos más constructivos o de distracción: Jugar, realizar ejercicio físico o apuntarle  a algún deporte de equipo puede ser una solución ideal. 
Informar a la escuela, al tutor/a, de la situación para que estén pendientes del  alumno/a y si es necesario lo ayuden. 
Si necesitáramos ayuda, no debemos dudar en acudir a un especialista y consultar al  médico de cabecera para que nos derive a la Unidad de Salud Mental  correspondiente. 
Acudir a profesionales si, después de unos cuantos meses, los niños/as muestran  alguno de los siguientes comportamientos: 

Tristeza permanente con depresión prolongada. 
- Excitación fuera de lo habitual, con nosotros o con sus amigos. 
- Desinterés por su propia apariencia. 
- Cansancio e incapacidad para dormir. 
- Deseo cada vez mayor de estar solo. 
- Indiferencia respecto a la escuela y aficiones anteriores 


Pinchar en la imagen para descargar estas orientaciones.

lunes, 17 de enero de 2011

Orientaciones Manías y Obsesiones Infantiles




Orientaciones para abordar las Manías y Obsesiones Infantiles por parte del profesorado y de las familias.


Todos tenemos alguna manía aprendida que nos procede de la infancia o  adolescencia. No es raro encontrarse con personas adultas que se tocan el pelo  compulsivamente o que repiten una coletilla al hablar.

En las primeras edades, los niños/as pueden llevar a cabo determinadas manías pero  que para ellos constituyen o son simplemente rituales o juegos placenteros y atractivos, los  repiten una y otra vez porque les gustan. A veces, estas manías son reforzadas por los mismos  familiares, por ejemplo, al prestar demasiado atención a los mismos.

En otras ocasiones, estas manías son debidas a un deseo del niño/a de llamar la  atención, por ejemplo, al presentar celos cuando llega un nuevo hermano/a.  Las manías infantiles también pueden presentarse como respuesta a una situación  de nerviosismo o preocupación por algo concreto por parte del niño/a.

También se asocian a una forma de expresar o canalizar determinadas  emociones sobre todo en niños/as que presentan dificultades para expresar lo que piensan, lo  que siente.

A veces, el niño las utiliza como un instrumento para controlar acontecimientos  externos que le superan, por ejemplo, pueden aparecen como respuesta ante situaciones  que le son desagradables o aversivas y a las que a veces se les obliga a permanecer en  ellas (por ejemplo en niños/as con dificultades para relacionarse y que se les obliga a ello, con  niños/as para los que hacer las tareas escolares supone un suplicio y se les fuerza durante  mucho tiempo a que permanezcan sentados realizándolas). También suele aparecer en  niños/as con síntomas hiperactivo y/o impulsivos a los que se les reprime o se les obliga a  permanecer quietos durante un tiempo determinado.

En definitiva, las manías infantiles son hábitos adquiridos hace un tiempo  determinado, que se repiten con frecuencia, que a veces son complicadas de erradicar y  que son utilizadas por el niño/a como un instrumento que le ayuda a canalizar su ansiedad  en ese momento, a encontrarse más tranquilo en una determinada situación, a cubrir  alguna necesidad…

¿Cómo diferenciar las manías infantiles de las Conductas Obsesivo-Compulsivas?


Casi todos los niños/as realizan una serie de rituales en diferentes momentos y  ocasiones. 

Uno de los más corrientes es el de las diferentes conductas repetitivas que el niño/a  realiza a la hora de acostarse, o a la hora de vestirse, o a su exigencia de que se le vuelvan a  contar las historias y los cuentos… 

La principal diferencia entre las manías infantiles y las conductas obsesivo-compulsivas  es que las primeras desaparecen con el tiempo, mientras que las segundas permanecen en el  tiempo, aumentan su intensidad o se sustituyen por otras de parecidas características. 

Como se puede comprobar en el cuadro siguiente, a diferencia de las conductas  obsesivo-compulsivas, las manías infantiles son totalmente normales: 


MANÍAS INFANTILES 
- Se hacen a modo de juego 
- El niño/a disfruta con la actividad 
- Si se interrumpen, el niño/a no se altera de manera significativa 
- No afectan a la vida cotidiana del niño/a 

CONDUCTAS OBSESIVO-COMPULSIVAS 
- Se hacen para calmar la ansiedad 
- El niño/a siente angustia cuando las lleva a cabo 
- Si se interrumpen, el niño/a se muestra agresivo/a e irritable 
- Afecta negativamente a su vida cotidiana 

Orientaciones para profesorado y familia


Si el niño/a realiza estas manías como un intento de llamar nuestra atención, si le prestamos más atención de la necesaria estamos reforzando estas conductas, es decir, estamos haciendo lo que el niño/a quería, que le prestáramos atención, y como consecuencia las repetirá una y otra vez ya que le funcionan. 


La mejor actitud desde un principio es no darle importancia. Se deben considerar estas manías como algo normal de la edad de su hijo/a y no prestarle demasiada atención, así el  niño/a tampoco lo hará y desaparecerá con el tiempo. 


A veces, estas manías pueden resultar graciosas a los familiares, los cuáles pedirán al niño/a 
que las realice. De esta forma estamos también reforzando estas manías, es decir, estamos 
facilitando que se repitan. 


Es importante hablar y dialogar con el niño/a, sobre todo si las manías se deben a que el 
alumno/a se encuentra preocupado por algo, para intentar conocer que le preocupa y así poder  ayudarlo. Si no quiere contar cuál es el problema, tenemos que intentarlo unos días más tarde  o preguntar a sus profesores. 


Es importante fomentar desde pequeños/as que el niño/a exprese lo que siente, lo que 
piensa, lo que le preocupa…De esta forma, evitaremos situaciones extremas en las que el 
niño/a reprime sus ideas, emociones y sentimientos y que desembocan en determinadas 
manías que son formas de expresión de estas ideas y emociones reprimidas. 


Cuando las manías aparecen porque se obliga al niño/a a enfrentarse a situaciones aversivas 
o desagradables par él/ella, es importante que se utilice la aproximación, es decir, que el niño/a  se acostumbre a estas situaciones gradualmente (por ejemplo, cada día un tiempo determinado  que se aumenta progresivamente). 


Si las manías son debidas a un exceso de energía, hiperactividad o impulsividad es 
recomendable que el alumno/a gaste estas energías (por ejemplo, la práctica de ejercicio o 
deporte diario es muy recomendable) o que las canalice para realizar otras conductas 
provechosas. 


Si la manía del niño/a se convierte en un estímulo aversivo estaremos perdidos, si reñimos al 
niño cada vez que lo hace, y le damos importancia intentando disuadirle de que no lo haga y 
haciéndole sentir mal, conseguiremos que para él sea un defecto y que se considere alguien 
anormal, de esta forma la ansiedad aumentará y la manía probablemente también. 

El niño/a no lo hace intencionadamente, así que es mejor no regañarle continuamente ni 
castigarle por ello, especialmente en público y mucho menos delante de sus amigos/as, ya que  podría avergonzarse por algo que no puede controlar y crearle así mayor ansiedad. 


Animar al niño/a en sus actitudes positivas y no regañarlo con dureza cuando caiga 
nuevamente en su manía, hay que recordad que es un acto cometido de forma inconciente. 


Alabar sus progresos. 


Cuando notemos que está leyendo o haciendo un dibujo para el cole sin recurrir a su manía, 
darle un abrazo, y dejarle ver que nos hemos dado cuenta. No hay que olvidar que es un 
proceso que requiere paciencia, tiempo y refuerzo continuo. 


Es importante establecer horario y rutinas de trabajo y estudio en clase y en casa, así como 
de otras actividades. Esto le ayudará a controlar su mundo, hacerlo más predecible,  disminuyendo así su ansiedad y nerviosismo. 


Es necesario enseñar al niño/a otras conductas alternativas a las manías. Estas conductas 
han de tener un carácter positivo y se ha de entrenar al niño/a para que las lleve a cabo cuando  sienta la necesidad de realizar las manías. El niño/a tiene que aprender poco a poco otras  habilidades y conductas para cubrir estas necesidades o para controlar la ansiedad; desde  luego sus manías y sus obsesiones no son la solución. 


Se puede utilizar una técnica consistente en que cuando el niño/a sienta la necesidad de llevar  a cabo la manía vaya a un lugar determinado, recoja un dibujo para colorear (previamente  preparado) y lo coloree, consiguiendo de estas forma tranquilizarse y suprimir esta manía. 


Mostrar al niño/a otras opciones para volcar sus energías y en este caso su ansiedad. Por 
ejemplo en actividades lúdicas o juguetes entretenidos. 


Acordar una señal secreta con él/ella, de modo que cuando esté haciéndolo en público sólo 
vosotros dos sepáis a qué os referís y deje de hacerlo (un guiño, rascarte la nariz, sacarle la 
lengua…) 


A nivel psicológico, las técnicas más eficaces son: 


- Técnicas Cognitivas, Consisten principalmente en hacer que el niño/a cambie sus 
pensamientos. Es necesario hablar y dialogar con él/ella para que comprenda qué es lo 
qué le pasa y como debe afrontarlo para superarlo. 


- Entrenamiento en autocontrol mediante autoinstrucciones. Consiste en entrenar al 
niño/a para que sepa detectar cuando la situación le está provocando ansiedad y 
cuando le puede sobrevenir la manía y para que se dé a si mismo una serie de 
instrucciones para controlarlo o llevar a cabo una conducta alternativa. Si lo detecta a 
tiempo podrá controlarlo dándose una orden negativa para no llevarlo a cabo. 


- Técnicas de relajación. Consiste en entrenar al niño/a para poner en práctica 
determinadas técnicas de relajación cuando el aborda la ansiedad y siente la necesidad 
de llevar a cabo estas manías. Se puede utilizar técnicas basadas en la contracción y 
relajación muscular de forma alternativa, por ejemplo, apretar fuertemente los puños y 
a continuación relajarnos de forma continuada. También se puede utilizar esta técnica 
pero apretando fuertemente los pies contra el suelo y relajarlos. También podemos 
utilizar pelotas antiestrés o bolas de plastilina. Otras técnicas de relajación son las 
basadas en la respiración, por ejemplo, cerrar los ojos y respirar profundamente, 
practicar la respiración diafragmática o abdominal…Lo más apropiado sería combinar 
las técnicas de relajación muscular con las de respiración. 


- Técnicas de modificación de conducta. Las más adecuadas en este caso son la 
extinción (es decir, no prestar atención a la conducta o prestar solo la necesaria) y el 
reforzamiento positivo, es decir, reforzar, alabar, reconocer y/o premiar (no de forma 
material) las conductas positivas del niño/a y sus avances. 


Es importante que estas orientaciones se lleven a cabo de igual forma y en la misma 
dirección por parte de todos los familiares que diariamente se relacionan con el niño/a, así 
como por parte de los profesores/as. 


Hay que tener en cuenta que normalmente, cuando se obliga al niño/a a que reprima dichas 
conductas o hábitos, la ansiedad y nerviosismo puede aumentar en unos primeros momentos. 


No hay que desanimarse y seguir trabajando con el niño/a. Hay que tener en cuenta que 
cualquier cambio de conducta requiere de tiempo y paciencia. 


Habitualmente, estas manías infantiles suelen desaparecer a medida que el niño/a va 
creciendo y es mucho mejor no darles ninguna importancia. Si el tiempo o la frecuencia de las 
mismas nos preocupa podremos acudir a un profesional que nos ayude, aunque para el niño/a  esto debe ser tratado desde la más absoluta normalidad. 


Es importante consultar el caso con el pediatra si: 


- La conducta de tu niños/a afecta a su salud. Por ejemplo si se hurga constantemente la nariz  o se arranca costras o se muerde las uñas en exceso podrían causarle una infección. 


- La manía o conducta parece compulsiva. Si un niño/a necesita lavarse las manos cada vez 
que palpa algo o tocar la puerta cinco veces antes de entrar en su habitación, puede tratarse 
de un trastorno obsesivo compulsivo. 


- Aparecen tics incontrolables. Un guiño exagerado y constate de ojos, un trastorno alimenticio  o patrones de conducta tales como movimientos y sonidos vocales involuntarios y repetidos  (tose o se aclara la voz antes de hablar, repite palabras o frases inapropiadas…). 


El pediatra valorará su posible derivación al especialista oportuno para estudiar la posible 
existencia de conductas o trastorno obsesivo-compulsivo. 


Trataremos de que no se sienta diferente para así no provocarle presión, ya que es uno de 
sus principales enemigos. Acudir al médico o al terapeuta tiene que ser como un juego para él. 


Si se opta por la medicación, debemos tener en cuenta que al ser estas manías u 
obsesiones, en la mayoría de las veces, un problema de ansiedad, los ansiolíticos y los 
relajantes funcionan en un primer momento, pero al no controlar la conducta (el niño/a no ha  aprendido a controlarla), al dejar la medicación aparecen recaídas. 


Bibliografía consultada: 


DUNN, J. (1999): "Inquietud y bienestar infantil". Ediciones Morata. Madrid. 


ECHEBURÚA, ENRIQUE (1993): "Trastornos de ansiedad en la infancia". Editorial Pirámide.  Madrid. 


GAVINO ÁZARO, AURORA (2006): “Mi hijo tiene manías”. Editorial Pirámide. Madrid. 
Pinchar en la imagen para descargar.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Relajación


Ejercicios de Relajación para alumnado de Infantil y Primaria de Eugenia Romero. Pinchar en la imagen para descargar.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Yoga para niños/as


Interesante libro para iniciar al alumnado al yoga como técnica de relajación. Pichar en la imagen para descargar.